Los políticos son expertos en arruinar toda tendencia de la que se cuelgan
Antes de las redes sociales, un ‘late show’ acaparaba la atención de la juventud: ‘Otro rollo’, conducido por Alan Ramones. En el año 1999 se presentaron en el programa los entonces candidatos a la presidencia: Vicente Fox (PAN), Francisco Labastida (PRI) y Porfirio Muñoz Ledo (PARM).
Los políticos reconocieron la importancia de atraer los votos de un sector fundamental y cuyo interés en temas electorales solía subestimarse. De acuerdo con varios analistas, fueron los jóvenes quienes llevaron a Fox al triunfo en el 2000.
Trasladar sus estrategias de campaña, de los medios de comunicación tradicionales a las plataformas digitales, se convirtió en una necesidad para los aspirantes a cargos públicos.
Adiós a las entrevistas acartonadas, sonrisas congeladas en espectaculares, nombres y slogans rotulados en bardas; surgió la era de los reels con momentos personales, las transmisiones en vivo, los trends… y el ‘cringe’, la pena ajena.
Se dice que cuando madres, abuelos, tías, tíos, descubrieron Facebook, fue el principio del fin. Ilustraciones de Piolín deseando los buenos días, imágenes religiosas con bendiciones, invadieron un espacio que por años monopolizaron los jóvenes.
Los políticos que en recientes días andan farmeando aura generan la misma sensación.
No traen aura
Farmear aura es la tendencia que se ha colado en cualquier algoritmo. TikTok e Instagram nos lanzan videos de jóvenes enfrentándose en batallas de miradas, gestos, movimientos, para sumar puntos (simbólicos) en personalidad, carisma y seguridad. La audiencia designa a un ganador.
La Generación Z adaptó la jerga de los gamers para crear un verbo, y resignificó el sustantivo ‘aura’. Los jóvenes bautizan las nuevas manifestaciones de su creatividad, los fenómenos que acompañan su búsqueda de identidad. Cuando este lenguaje llega a oídos de otras generaciones, suele ser malinterpretado y hasta desvirtuado.
Y cuando llega a oídos de los políticos, es peor.
Hace unos días, la página oficial del PRI publicó una silueta luminosa con los brazos extendidos. Detrás se aprecia un auto de lujo en una calle solitaria. El mensaje: “Mi aura cuando me afilié al PRI”.
Por su parte, la alcaldesa panista de Guanajuato capital, Samantha Smith, lanzó la campaña ‘Farmea seguro’. Como parte de su estrategia para promover la regularización de motocicletas, Smith publicó un cartel con la leyenda: “Los que más aura traen, lo hacen con casco, placas y papeles en regla”. (Paréntesis, Smith está convencida de que es la reina de las redes después de explotar y capitalizar la frase “A la chin…”, y por lo tanto, confía en que todas sus ocurrencias serán virales).
Apropiarse de una tendencia para este tipo de propaganda es poco orgánico, forzado. La falta de espontaneidad causa el efecto contrario al que se persigue. El espectador no conecta ni se identifica.
Los políticos entendieron muy rápido que necesitaban acercarse a los jóvenes y la ventaja que representan las redes sociales. Sin embargo, no entienden que pocas veces sus intentos de ‘subirse al trend’ son exitosos.
¿Qué sucede en las reuniones donde su ‘gente de redes’ sugiere estas ideas? ¿Por qué los exponen al ridículo? ¿Quién les dijo que dar ‘cringe’ garantiza votos?
Otro ejemplo: el diputado del PAN, Víctor Zanella, adoptó la estética de las llamadas ‘frutinovelas’ (historias breves creadas con IA, donde abundan la infidelidad, promiscuidad, machismo, etc.), para crear un mundo fantástico donde él y su familia (con caras de frutas, por supuesto) son los personajes principales.
Frezanella y Berrypuato son juegos de palabras que funcionan para promover el municipio de Irapuato. Pero ¿sabrá el diputado el origen de este tipo de contenido, ya muy arraigado entre los internautas?
En fin… Si los políticos se convierten en meme y causan gracia, siempre es involuntariamente (máximos exponentes de este fenómeno, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador).
Robar espacios
En 2023, el entonces presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se ganó la simpatía de los jóvenes. Arturo Zaldívar se viralizó como ‘el ministro swiftie’, luego de compartir en redes su gusto por la música de Taylor Swift. El juez de más de 60 años intercambió brazaletes de la amistad con decenas de adolescentes en un concierto de la estrella pop. Fue aceptado por una comunidad que llegó a su contenido gracias al algoritmo, gracias al curso natural de las plataformas digitales.
Fue uno de los pocos casos de éxito de funcionarios triunfando entre la juventud. ‘Comunidad’ es la palabra clave en la historia de Zaldívar y en el surgimiento del farmear aura.
Esta dinámica provocó primero confusión, luego críticas, burlas; también se ha dicho que la Generación Z está empeñada en grabarlo todo con su celular, en hacer cualquier cosa por llamar la atención.
La activista y analista Carla Escoffié señala al respecto: “las competencias de farmear aura están llevando a los jóvenes a los espacios públicos y se conecten con cosas que no están en su celular. Los jóvenes usando los espacios públicos son un síntoma de una ciudad sana”.
Adolescentes interactúan en plazas y jardines, conviven fuera de las pantallas, hacen comunidad, y sea o no una moda pasajera, algo positivo aporta.
Cuando los políticos irrumpen con su oportunismo y desesperación en las tendencias, las arruinan, las despojan de su sentido original. Los jóvenes no los perciben como aliados, no hay elementos suficientes para empatizar.
Lo preocupante, es la incapacidad de las figuras de la vida pública y sus equipos para acercarse de forma genuina a este sector. No lo logran desde el rol de la tía o el tío ‘cool’ que de pronto interviene en una conversación de adolescentes, y aun así, siguen intentando. Consideran que ‘investigar’ qué interesa a la juventud significa averiguar qué es viral y replicarlo.
Hacer comunidad, abrir espacios y no arrebatarlos, respetar las voces y no gritar por encima de ellas, es lo que haría falta, pero prefieren hacer el ridículo, perder credibilidad, ganarse un ‘like’ por cada 10 ‘me divierte’.
LO SUPERFLUO: Si lo políticos arruinan una tendencia, pronto surgirá otra.
LO PROFUNDO: Vienen campañas, viene una epidemia de ‘cringe’, prepárense.