Fue este domingo primero de noviembre cuando se percibió la mayor afluencia de personas en lo que va del festival, que este año se extendió por 6 días, iniciando desde el 28 de octubre y terminando este lunes 2 de noviembre, aunque algunas vialidades se cerraron desde el 27 para comenzar a colocar los comercios.

Poco después del mediodía, los accesos a la ciudad comenzaron a registrar enormes colas de automóviles que se extendieron, en algunos casos, por kilómetros, como en el acceso Diego Rivera, donde la fila de automóviles se extendió ampliamente, y había esperas de hasta 1 hora para poder ingresar a la zona del Centro Histórico. Otra historia era poder encontrar algún lugar de estacionamiento ya entrando.
La misma situación ocurrió con el túnel del Barretero, en el acceso que va de Pozuelos hacia la zona centro, donde la fila de automóviles se extendió en algunos momentos hasta la Glorieta del Corazón.

En la zona de Paseo Ashland, durante todo el día se vieron largas filas y, en la subida del Carrizo, arriba de la exestación, se creó un embudo cuando algunos dejaron sus automóviles estacionados en la entrada y a lo largo de la vialidad, dejando solamente un carril libre para el tránsito de ida y vuelta, lo que generó gran conflicto vial en esa zona porque ahí llegaban muchos de los automovilistas que se desviaban de la calle Alhóndiga, que se encontraba a vuelta de rueda, y subían por la panorámica San Matías para tratar de evitar pasar por el centro de la ciudad. Además, por ahí también circula una ruta de camiones de transporte público y pasan múltiples camiones de carga de mercancía, lo que conflictuó aún más la circulación en algunos momentos.

En la zona de Dos Ríos hacia San Clemente también se generó un embudo y gran conflicto vial cuando los visitantes comenzaron a dejar sus autos estacionados en esa zona, reduciendo el caudal vial en esta parte de gran tránsito vehicular de la ciudad, pues automovilistas que salían del Centro Histórico circulaban por el túnel que va de la calle Pocitos al barrio de San Clemente. Estos quedaban encapsulados debido al tráfico que también llegaba de la calle Alhóndiga.

En las calles y plazas principales del Centro Histórico se pudieron apreciar verdaderos ríos de gente que inundaban tanto las áreas peatonales como las que ordinariamente transitan los vehículos automotrices.
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