El descubrimiento incluye rastros atribuidos preliminarmente a dinosaurios carnívoros y herbívoros de diferentes tamaños, lo que podría aportar información sobre la diversidad de especies que vivieron en el territorio mexicano durante el Cretácico tardío, uno de los últimos periodos de la era de los dinosaurios.
Las pisadas se encuentran sobre una plataforma de roca sedimentaria en el cauce de un arroyo. Hasta el momento, los investigadores han registrado evidencias en una superficie de alrededor de 40 metros cuadrados, aunque el área con posibles rastros podría ser más extensa.
Las huellas fósiles, conocidas científicamente como icnitas, miden entre 12 y 48 centímetros de longitud y alcanzan hasta 30 centímetros de ancho.
¿Qué dinosaurios dejaron sus huellas en Apatzingán?

A partir de características como la forma, el tamaño, la cantidad de dedos y la profundidad de las impresiones, los especialistas identificaron de manera preliminar rastros correspondientes a tres grupos de dinosaurios.
El primero estaría relacionado con grandes dinosaurios carnívoros del grupo de los terópodos, algunos de los cuales pudieron alcanzar aproximadamente cuatro metros de altura. Por las características de las pisadas, los investigadores consideran que podrían tener relación con los tiranosáuridos.
El segundo conjunto correspondería a dinosaurios carnívoros de menor tamaño, de hasta dos metros de altura, con características semejantes a las de los dromeosáuridos, grupo al que pertenecieron algunos dinosaurios popularmente conocidos como raptores. Sus huellas también presentan tres dedos.
El tercer tipo de rastros habría sido dejado por dinosaurios herbívoros similares a los de pico de pato, pertenecientes a la familia Hadrosauridae. Estos animales podían alcanzar alrededor de cuatro metros de altura y sus pisadas se distinguen por sus tres dedos con extremos redondeados.
La identificación todavía es preliminar. Los estudios en curso permitirán determinar con mayor precisión qué animales dejaron las impresiones y cuántas especies podrían estar representadas en el sitio.
INAH documenta el yacimiento de huellas fósiles

El investigador del Centro INAH Michoacán, Raymundo Cervantes Barriga, realizó una primera evaluación del lugar después de que habitantes de San Juan de los Plátanos informaron sobre la presencia de marcas que atribuyeron a animales gigantes.
A partir del 21 de octubre de 2026, un equipo de especialistas comenzó las labores de documentación y registro sistemático del yacimiento. Como todavía existen zonas pendientes de exploración, los investigadores no descartan encontrar más huellas conforme avancen los trabajos.
El estudio incluye el análisis de muestras de roca, responsabilidad del geólogo Jasinto Robles Camacho, así como la elaboración de modelos tridimensionales mediante fotogrametría. Esta técnica permite reconstruir las formas y dimensiones de las superficies a partir de fotografías, lo que facilita el registro detallado de las pisadas.
Los trabajos de documentación están encabezados por los arqueólogos María Fernanda Cabrera y José Luis Punzo Díaz. Por su parte, el biólogo y paleontólogo José Luis Ávila participa en la elaboración de moldes de las huellas, mientras que el paleontólogo Carlos A. Hernández Luna colabora en su identificación preliminar.
Estas tareas permitirán conservar un registro de las evidencias y estudiar sus características sin depender únicamente de la observación directa del terreno.
¿Cómo era Michoacán hace 65 millones de años?
Además de identificar a los animales que dejaron las pisadas, el yacimiento podría aportar información sobre el ambiente que existía en esta región durante el Cretácico tardío.
De acuerdo con Raymundo Cervantes Barriga, hace aproximadamente 65 millones de años debieron existir cuerpos de agua a los que los dinosaurios acudían para alimentarse y desarrollar distintas actividades. La presencia de huellas en el antiguo sustrato puede ayudar a reconstruir parte de esas condiciones ambientales.
El análisis de las icnitas también podría ofrecer datos sobre la manera en que caminaban los animales, la dirección de sus desplazamientos y la posible convivencia de diferentes especies en una misma zona.
El arqueólogo José Luis Punzo Díaz destacó la relevancia científica del hallazgo, pues permite estudiar directamente vestigios de un periodo que suele conocerse a través de reconstrucciones, fósiles y representaciones de la vida prehistórica.
No obstante, los especialistas subrayan que aún es necesario completar los estudios para establecer cuántas especies están representadas y qué conclusiones pueden obtenerse sobre su comportamiento y características físicas.
