Lo que debiera ser, lo que es y lo que hay

Al inicio de cada periodo, sea escolar, político o de una relación de cualquier tipo, los involucrados se esfuerzan por generar confianza desde el principio. Lo que un profesor con sus estudiantes, un médico con sus pacientes, un amigo o un novio y con más ganas un mandatario busca es crear un ambiente positivo. Queremos empezar mostrando nuestra mejor cara ya luego, Dios dirá.

En esta condición, lo que debiera ser es propiciar un terreno que favorezca la forma de ganarse la confianza de la contraparte desde el primer momento ya que después será más difícil de alcanzar. Para la doctora Sheinbaum lo que queremos es un escenario al que ella entre con el pie derecho y a tambor batiente: que le vaya bien. Pero, ya sabemos que ella es una mujer de izquierda y parece que va a empezar con el otro pie y en un ambiente turbulento.

Lo que es no es lo que quisiéramos que fuera, es la realidad. No es una opinión, son datos duros. Las variables macroeconómicas se le están desajustando al final del sexenio a López Obrador y muchos de estos desvíos se están generando por las últimas decisiones del actual presidente y que suscribe la señora presidenta electa. Y, si bien es cierto que hay temas que conciernen al mundo global en el que vivimos, también es verdad que el súper peso se ha debilitado y hemos estado cruzando la banda de los $19.45 por dólar. La inflación tampoco nos presenta buenas cifras. En julio de 2024, el Índice Nacional de Precios al Consumidor presentó un aumento de 1.05 % respecto al mes anterior, lo cual nos indica que el alza de precios se aceleró al mayor nivel en lo que va del año. La deuda de Pemex es un riesgo muy alto.

Además de lo que es a nivel económico, está lo que sucede a nivel político. La reforma del Poder Judicial llegó a estado de ebullición y el tema se está desbordando. Pareciera que la presidenta electa de la mano del señor presidente le están echando gasolina al fuego en vez de tratar de armonizar y pugnar por el dialogo que propicie esa tranquilidad y confianza. No se entiende muy bien lo que pretende López Obrador y mucho menos se comprende lo que la presidenta electa está suscribiendo.

Lo que hay no es un escenario muy halagador para iniciar un periodo presidencial. Hay una ruta de la confrontación garantizada. Tanto López Obrador como Sheinbaum se apoyan en sus mayorías. Saben que Morena y aliados terminarán aprobando de manera unilateral todo lo que les pasen sin mover ni una coma. El presidente se dará el gusto de propinar un golpazo a los ministros, mandarlos a la lona noqueados y darles su merecido a quienes terminó viendo como rivales personales. Eso pone de nervios a los mercados extranjeros, a las instituciones financieras y a las calificadoras. Da la impresión de que se nos descompuso la brújula.

Es verdad, no podemos dejar de ver los esfuerzos que ha hecho Claudia Sheinbaum para arrancar su Gobierno en buenos términos con el sector privado. Pero lo que hay y a lo que se enfrentará la presidenta electa es que el próximo año la inversión pública se verá limitada por la necesidad de equilibrar el déficit en las finanzas públicas. Por esta razón, es necesario que la 4T en su versión de segundo piso haga mejores esfuerzos con los empresarios ya que la inversión privada tendrá que compensar lo que no puede salir de las arcas del gobierno, si es que ella quiere gobernar un país con crecimiento, aunque sea modesto.

Claro, para ello Claudia Sheinbaum necesita crear condiciones de confianza y certidumbre en vez de estarlas dinamitando. Después se requerirá de un gran esfuerzo limpiar el ambiente enrarecido que están dejando— López Obrador con sus últimas acciones de gobierno y ella suscribiendo— en este tramo final del sexenio. Después, tal vez no se pueda.

En fin que lo que debiera ser es que tuvieramos un ambiente más tranquilizador, lo que hay es una realidad en ebullición que se sale de control y lo que es no es nada diferente de lo que prometieron: es el segudo piso de la 4T.