Desearíamos pensar que el buen trato hacia las niñas y niños está garantizado en su proceso de formación y que los métodos autoritarios basados en los castigos, regaños y humillaciones son cosa del pasado. Desafortunadamente no es así.
En pleno siglo XXI las prácticas disciplinarias siguen gozando de vigencia significativa. De acuerdo con cifras del UNICEF, el 63% de las niñas y niños de entre 1 y 14 años han experimentado al menos una forma de disciplina violenta.
Dichos estilos de violencia tienen una tendencia progresiva: se observa que los castigos físicos severos suelen intensificarse conforme las niñas y niños van creciendo.
Respecto a la edad, las niñas y niños entre los 3 y 9 años suelen ser los más afectados por las agresiones psicológicas o por cualquier otro tipo de castigo físico.
Este tipo de prácticas encuentran su justificación en mitos que a fuerza de tradición y transmisión generacional muchas personas llegan a considerarlos métodos realmente educativos.
Necesitamos desmitificar la educación y la crianza. Necesitamos pasar de los métodos autoritarios que no generan aprendizaje sino dolor, sufrimiento y vulneración a los métodos respetuosos de la dignidad humana que traen consigo seguridad y confianza en las niñas y niños, condición para el aprendizaje.
Con esta intención, en una colaboración para el UNICEF, planteé los siguientes mitos con sus respectivas realidades o verdades.
Mito: “Con las niñas y niños más vale una nalgada a tiempo”.
Verdad: La responsabilidad del cuidado de niñas y niños debe basarse en preservar sus derechos y respetar sus necesidades. Los golpes no responden a una necesidad de ellas y ellos, sino que suele ser producto de la frustración de quienes crían, al tratar de detener una conducta. No es una manera adecuada de resolver conflictos pues quebranta su dignidad. No hay nalgadas, ni bofetadas, ni pellizcos a tiempo. Siempre llegan a destiempo porque atentan contra el sano desarrollo infantil.
Mito: “La letra con sangre entra”.
Verdad: La letra entra con el respeto, la amabilidad y calidez que el personal docente prodiga al alumnado. Entra con el ambiente de paz, seguridad y confianza que el personal docente construye en el aula, condición necesaria para que se activen los circuitos del cerebro que facilitan el aprendizaje. Es en entornos de seguridad y confianza donde se despliega la capacidad de exploración y adquisición de conocimiento.
Mito: Una cosa es golpear a las niñas y niños al extremo y sin sentido y otra darle un golpe como correctivo para que el niño vea que sus malas acciones tienen consecuencias negativas.
Verdad: Golpear al extremo y sin sentido o castigar con un sólo golpe son la misma cosa: violación a los derechos de las y los niños y, en consecuencia, un acto arbitrario, ilegal y que provoca confusión, miedo, tristeza, desconcierto, etcétera. Si las acciones de la niña o del niño son inadecuadas, las consecuencias negativas llegarán por sí solas, derivadas de la propia conducta. Al adulto le corresponderá ayudarle a identificar y reflexionar dichas consecuencias, ayudarle a reparar el daño provocado y facilitar la generación de aprendizajes significativos.
Mito: “En ocasiones son necesarias medidas disciplinarias extremas, por ejemplo, castigo físico, sobre todo cuando se trata de comportamientos en extremo inadecuados y perjudiciales de la niña, niño o adolescente, de lo contrario, ¿cómo se darán cuenta que sus malas acciones y decisiones tienen consecuencias?”.
Verdad: El diccionario nos dice que disciplinar significa enseñar al discípulo. Y los golpes y métodos atemorizantes o humillantes no enseñan nada, sólo inhiben de manera temporal comportamientos con base en el miedo. Cuando las niñas y niños son muy pequeños, corresponde a madres, padres y personas cuidadoras guiar su conducta para evitar que se hagan daño o dañen a otros. Conforme crecen y su lenguaje se enriquece, van adquiriendo la capacidad para entender y analizar las consecuencias de sus decisiones y actos a través del diálogo que detona el análisis y la reflexión para entender el impacto de sus acciones.
En mi próxima colaboración te compartiré otros mitos con sus respectivas verdades sustentadas en evidencia científica y en un enfoque de derechos humanos. La información es fundamental en el cambio de paradigma de la crianza. De ahí la importancia de su divulgación.