Irapuato, Guanajuato.- En vísperas del 2 de noviembre, Día de Muertos, el obispo invitó a las familias a recordar a sus seres queridos fallecidos desde la fe, la oración y la esperanza en la resurrección.
Explicó que, para los católicos, la muerte representaba un paso hacia el encuentro con Dios, por lo que la conmemoración podía convertirse en una oportunidad para fortalecer la experiencia espiritual y mantener presente a quienes ya habían fallecido.

Dijo que le daba gusto ver a personas que acudían a los panteones para rezar el rosario, llevar flores, colocar fotografías y recordar a sus familiares, especialmente cuando estas expresiones estaban acompañadas de la oración.
“Me da mucho gusto que muchas personas de aquí van y hacen la oración con sus difuntos, rezan el rosario, se acercan a la oración y le llevan sí las flores, sí la fotografía, el recuerdo, pero sobre todo hacen oración”, comentó.

También pidió a las familias no perder el sentido de esta celebración ante la influencia de otras tradiciones relacionadas con Halloween.
“Ojalá no nos dejemos invadir por esta ola que viene de otros estados, los Halloween, brujas y monstruos, que esto no nos trae nada positivo para nuestra celebración”, expresó.
Grupos juveniles buscan proteger a jóvenes de engaños
En otro tema, Enrique Díaz Díaz reconoció que la Iglesia no contaba con cifras exactas sobre el número de jóvenes que habían sido víctimas de extorsión o captados por grupos delictivos mediante falsas ofertas de trabajo.
Sin embargo, confirmó que algunas familias se habían acercado para solicitar apoyo y buscar coordinación, principalmente con autoridades estatales, ante situaciones que afectaban a sus hijos.
El obispo admitió que el problema rebasaba las posibilidades de atención de la Iglesia, aunque destacó el papel de los grupos juveniles, las comunidades y los espacios de reflexión como redes de acompañamiento para evitar que los adolescentes y jóvenes se sintieran solos o desprotegidos.
Explicó que durante esa etapa de la vida los jóvenes podían buscar pertenecer a grupos o comunidades, por lo que contar con espacios de convivencia y apoyo podía ayudarlos a encontrar protección y orientación.
Cuando detectaban que alguno de sus integrantes enfrentaba una situación de riesgo, añadió, procuraban atenderlo y brindarle acompañamiento.
“Indudablemente que nos causa problema y que no tenemos solución para esta grave problemática de nuestro estado y quizás de todo el país”, reconoció.
Ante este panorama, reiteró la necesidad de que las familias, las comunidades religiosas y las autoridades trabajaran de manera conjunta para atender los casos y prevenir que más jóvenes fueran engañados o involucrados en situaciones de violencia.
