De acuerdo con el analista energético Ramsés Pech, el precio final que pagan los consumidores está determinado en gran medida por factores externos, especialmente por el comportamiento del petróleo a nivel internacional.
Factores globales que mantienen la presión
El mercado energético continúa influido por tensiones geopolíticas en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz y el Mar Rojo, donde conflictos y riesgos logísticos han elevado los costos de transporte tanto de crudo como de combustibles refinados.

En el caso del diésel, la situación es aún más compleja debido a una oferta limitada a nivel global, lo que mantiene precios elevados y afecta directamente a países importadores como México.
“Gran parte del costo se define antes de que el combustible llegue a la estación de servicio”, explicó Pech, al señalar que esto reduce significativamente la capacidad de ajustar el precio al consumidor.
¿Cómo se construye el precio de la gasolina?
El precio de la gasolina no depende únicamente de las estaciones de servicio. Se integra por varios componentes acumulativos:
- Petróleo y refinación: alrededor de 14.73 pesos por litro
- Logística: cerca de 3.11 pesos por litro
- Almacenamiento y operación: 1.66 pesos más margen de 1.25 pesos
- Distribución final: aproximadamente 0.36 pesos

Para cuando el combustible llega a la gasolinera, la mayor parte del precio ya está definida. A esto se suman costos operativos como sueldos, electricidad, mantenimiento y comisiones bancarias, que representan cerca de 1.19 pesos por litro.
Tras cubrir estos gastos, el margen neto promedio de los gasolineros es de apenas 0.28 pesos por litro, lo que limita cualquier posibilidad de reducción sin afectar su rentabilidad.
El papel del IEPS y la estabilidad de precios
Uno de los elementos clave es el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), que funciona como un mecanismo de ajuste.
Cuando los costos internacionales suben, el gobierno reduce este impuesto para evitar incrementos bruscos. En cambio, cuando los costos bajan, el IEPS aumenta para compensar ingresos.
Este sistema genera un efecto de equilibrio que mantiene el precio estable, aunque los costos internos cambien. Por ejemplo, reducciones recientes en el IEPS han sido compensadas por aumentos en los costos de terminales o logística.
En la práctica, los márgenes de ganancia son cada vez más reducidos. En el caso del diésel, algunos operadores reportan incluso pérdidas por litro vendido, tras descontar costos como transporte e inseguridad.

Las estaciones pequeñas son las más afectadas, ya que no cuentan con la capacidad de absorber pérdidas como los grandes grupos. Esto las ha llevado a implementar medidas como reducir horarios o ajustar operaciones para evitar mayores afectaciones.
Impacto para consumidores y mercado
Aunque el precio al público parece estable, especialistas coinciden en que se trata de un equilibrio frágil. Los costos se distribuyen entre el gobierno —a través del IEPS—, el mercado internacional y los propios gasolineros.
Este escenario también implica riesgos: si la operación formal deja de ser rentable, podrían surgir prácticas irregulares que afecten la calidad del combustible y la competencia.
En síntesis, la razón por la que la gasolina no baja en México no responde a un solo factor, sino a la suma de variables internacionales, fiscales y operativas que limitan cualquier ajuste a la baja sin generar impactos en la cadena de suministro.
