Ciudad de México, México.- La serie coreana ‘Así aprenderás’ se convirtió en uno de los estrenos más vistos de Netflix.

La serie sigue a los agentes de la Oficina de Protección de Derechos Educativos (la EPRB), un cuerpo dispuesto a aplicar castigo físico a quienes delinquen dentro del sistema escolar sin importar edad, género ni cargo.

¿Cuál es el final de ‘Así aprenderás’?

El final de la serie nos deja un impacto complejo y una mezcla de emociones con todo lo que sucedió | X

El supuesto arco de redención de Gyu-Cheol, que parecía defender a un chico acosado llamado Seong-Gu, resulta ser pura puesta en escena.

El joven jugaba a dos puntas: por un lado denunciaba al bully Chi-Ho ante la EPRB, y por el otro lo asesoraba para zafar, hasta conseguirle un abogado especializado en audiencias disciplinarias.

Cuando el organismo logra acorralar a Chi-Ho —lo incriminan por golpear a la investigadora Han-Rim, que estaba disfrazada de estudiante, una escena tan absurda como suena— y expone su acoso a Seong-Gu, el chico encara a Gyu-Cheol.

Este graba su descargo, en el que Chi-Ho despotrica contra la EPRB, y acto seguido lo empuja desde la azotea. Segunda víctima en su haber.

El falso suicidio enciende a los medios. Gyu-Cheol entrega la grabación al congresista Gi-Tae, la imagen pública del organismo se desploma por debajo del 50% y, sumado a que Hwa-Jin pierde los estribos y le pega una piña al día siguiente, el ministro termina suspendiendo a todos los investigadores activos.

Con la EPRB fuera de juego, el negocio de drogas de Gyu-Cheol explota: vende en distintos colegios disfrazando la mercadería de vitaminas, hasta llegar a la escuela de Seon-Yeong, que detecta la maniobra y corre a avisar.

El ministro levanta la sanción, los docentes aparecen en masa pidiendo ayuda y el cuerpo revive con más fuerza que antes.

En el tramo decisivo se revela que Gyu-Cheol responsabiliza a Ga-Yun de todo: según su lógica retorcida, si ella no lo hubiera obligado a volver al colegio, jamás habría descubierto el potencial comercial de venderles a los estudiantes.

La cárcel no lo cambió en lo más mínimo; de hecho, sigue maquinando cómo invertir el relato para quedar como el chico de oro y borrar del mapa a la EPRB.

El cierre de su historia no termina de convencer: su impunidad funciona más como excusa para empujar la trama y consagrar al organismo como brazo justiciero que como una crítica afilada al cuestionado sistema judicial coreano.

El duelo final entre Gyu-Cheol y Hwa-Jin tiene un golpe bajo: el adolescente le clava un destornillador en el abdomen.

Pero Hwa-Jin no es Ga-Yun, que murió por una herida parecida. Aguanta, no le tiembla el pulso frente a un menor y, aun así, decide no rematarlo.

Le perdona la vida y le ofrece otra oportunidad que el chico ni siquiera quiere. La serie plantea ahí su dilema más espinoso: una segunda chance se gana, y Gyu-Cheol no hizo nada para merecerla.

El final evita la pregunta más interesante, la de cómo se rehabilita realmente a alguien así, y por eso cuesta leerlo como una victoria.

Tras la pelea, Hwa-Jin se desploma cubierto de sangre y tiene una visión de Ga-Yun, su prometida fallecida, que se inclina a hablarle sin que escuchemos sus palabras. Por un momento parece el adiós definitivo, pero es apenas un reencuentro simbólico después de haber atrapado a su asesino. Han-Rim aparece para levantarlo —no sin antes liquidar a los secuaces de Gyu-Cheol— y lo vemos fuera de peligro.

La reacción desmedida del ministro Gang-Seok, que amenaza al chico por apuñalar a su yerno, termina de confirmar que el vínculo entre ambos quedó sellado, aunque Ga-Yun y Hwa-Jin nunca hayan llegado a casarse.

¿Qué es lo último que pasa en la serie?

Fans de la serie se preguntan si podría haber una segunda temporada | X

La última estampa del ministro lo muestra junto a todo el equipo de la EPRB en la tumba de Ga-Yun, en lo alto de una colina.

Hwa-Jin rompe el hielo contando que Gang-Seok lloró al adoptar un gato, una anécdota que lo avergüenza tanto que amenaza con cobrársela a las piñas.

También queda algo más claro el coqueteo entre Han-Rim y Geun-Dae: ella lo trató de tierno durante toda la serie, sobre todo después de que él la rescatara cuando estaba drogada por una trampa y la calmara con un beso.

El gesto, dado en plena vulnerabilidad, dejó marca: ahora ella se pone nerviosa con cada roce, y todo indica que esa historia recién empieza.

El congresista aceptó la grabación de Gyu-Cheol sabiendo que el joven había matado a Chi-Ho. Lo que ignoraba es que él también era una pieza del plan: el adolescente lo manipuló para conseguir la libertad condicional, haciéndose pasar por un chico descarriado y útil como peón político.

En lugar de exponerlo, Gi-Tae siguió el juego y difundió el audio con un único objetivo: hundir al ministro Gang-Seok y sacarse de encima a un rival.

Cuando todo queda al descubierto, lo detienen como cómplice del asesinato de Chi-Ho, y el ministro aprovecha la salida para hacerle una zancadilla y encajarle un golpe en la nariz, un arranque poco profesional que vuelve a alimentar la sospecha de que su carrera estuvo motorizada por la venganza.

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