«Recordar es vivir» se suele decir popularmente. ¿Será porque ese vocablo está vinculado al corazón? Curiosamente, la voz ‘recordar’ está integrada por dos elementos, el prefijo re- que implica de nuevo u otra vez y la raíz cordis que es una voz de la que procede la palabra ‘corazón’. Es decir, que recordar es de nuevo pasar por el corazón.
Según la cultura romana, los recuerdos habitaban el corazón. Y de ahí la etimología del vocablo. Un recuerdo, un momento emocional, hace latir fuerte al corazón, lo acelera. Entonces, es natural la conclusión romana de ubicar los recuerdos en el pecho. Los recuerdos hacen latir de nuevo el corazón, lo que permite vivenciar una vez más la emoción experimentada en otro momento.
En oposición, la obsesión clasificatoria del siglo xviii y xix ubicó los recuerdos en el cerebro, en la memoria almacenada en la masa encefálica. Esa obsesión clasificatoria de visualizar la naturaleza como un todo ordenado, perfecto, sistemático e inmutable, dio origen a las diversas disciplinas científicas. Sin embargo, esa perspectiva rígida originó un concepto aislado de cada elemento, sin considerar que cada aspecto de la naturaleza es multifactorial y su visualización desde una ciencia, no descarta, anula o independiza otra visión desde diferente disciplina. Un ser humano puede ser visto desde la perspectiva psicológica, pero eso no lo independiza de su papel económico, político o sociológico.
En oposición, retomando el vocablo recordar, en la actualidad hay una teoría que supone que en todo el cuerpo se conserva la memoria. En apoyo a este concepto no solo está la evidente presencia de neuronas en toda la médula espinal y los nervios periféricos, que se hallan a lo largo de todo el cuerpo; también se han encontrado neuronas en el sistema digestivo y hasta en el corazón mismo. Por ello, recordar sí es vivir.
Otro detalle interesante, es la vocal e en nuestro idioma: es la de mayor presencia en el vocabulario (la vocal a ocupa el segundo lugar). La mayor frecuencia en uso de la e mucho se debe a que es parte de las palabras de enlace, como las preposiciones, el pronombre relativo que y el artículo determinante de singular el.
El registro más antiguo que se tiene de la vocal e procede de Egipto. El signo heh originalmente representaba a una persona que festejaba (brazos hacia arriba) y se pronunciaba como una la exhalación. Es decir, que la e tuvo origen en la humanidad misma para representar un momento eufórico. De ahí pasó al alfabeto fenicio, donde la llamaron he. Su pronunciación se hizo aspirada y gráficamente pasó a ser una especie de banderola, como la E mayúscula actual, pero al revés, los trazos horizontales a la izquierda.
Su presencia fue tan determinante que pasó sin dificultad al griego. En ese idioma fue llamada épsilon. En esta lengua dejó de ser consonante para quedar como vocal pura. Así llegó al latín, ya con el sonido y trazo que actualmente conocemos y de ahí, por supuesto, al español.