La tendencia es exhibir los grandes acontecimientos, no vivirlos; criticarlos, pero asistir enojados
Eduardo Horcasitas, agricultor, calcula que necesitaría pelar y vender 200 mil pencas de nopal para comprar un boleto y ver a la Selección este Mundial. “A lo que se le da valor, está como volteado”, refirió al periodista Julio Vaqueiro en una entrevista viral.
Eduardo, verdadero fanático del futbol, trabajaba en su parcela mientras influencers grababan videos para TikTok desde el Estadio Ciudad de México, admitiendo que no entienden este deporte; “¿por qué no le pasan la pelota al de negro (el árbitro)?”, preguntaban haciendo pucheros. Hablo en plural porque fueron varias quienes publicaron el mismo chiste.
Vimos más imágenes de celebridades y creadores de contenido reaccionando a los goles, que de los propios goles.
El espectáculo no estuvo en la cancha sino en las tribunas. Los verdaderos protagonistas no fueron los jugadores, sino los personajes que consignaron en su Instagram que estuvieron ahí.
La verdadera afición, esa que menciona el telenovelero video con la voz de ‘Chespirito’, la que se presume en el mundo como la más apasionada y leal, se resignó a la imposibilidad de adquirir un boleto. Desde sus hogares, bares, centros de trabajo o sus celulares, la verdadera afición sí disfrutó el futbol.
Acarreados de lujo
Billy Joel compra las entradas a las primeras filas de los sitios donde se presenta. Su personal se encarga de repartirlas entre asistentes que no pudieron obtener mejores lugares. Así, el cantautor no solo evita la reventa, sino que garantiza la cercanía de verdaderos fans. Todos ganan, ellos cumplen un anhelo, él se nutre de su energía.
Billy Joel también lo hace porque notó que la gente privilegiada que ocupaba esos puestos no mostraba gran entusiasmo por su música. “Me harté un poco de eso, ¿quiénes diablos son estas personas?”, declaró en una entrevista.
Aunque aplica esta dinámica desde hace más de 20 años, es un fenómeno que se acentuó con la aparición de los influencers.
Recientemente, Laura Pausini detuvo un concierto en Perú para decir al micrófono, “la primera fila paga mucho, pero no se saben las canciones”.
Empresas y marcas invitan a creadores de contenido a festivales de música, antros, alfombras rojas, para promocionarse en redes. Los usan como indicador de estatus, si vas a tal o cual restaurante podrás encontrarte a Fulanito, Fulanita estuvo en la premier de tal película y le encantó.
Los influencers invaden poco a poco espacios que antes requerían preparación y experiencia: conducen, actúan, son comentaristas deportivos. Por ejemplo, TV Azteca sumó a su cobertura del Mundial a la standupera Alexa Zuart, (1.5 millones de seguidores en Instagram). En su interacción con Luis García y Christian Martinoli, Alexa dijo que es fácil el trabajo de locutor. Martinoli respondió “tampoco ser influencer es como que wow”.
Los influencers invadieron el estadio el pasado jueves. Desde lugares preferenciales documentaron su experiencia, hicieron trends. Al finalizar el partido, se viralizó la imagen de dos sujetos que a pie de cancha se grabaron llorando durante el festejo del gol. En su defensa, internautas recordaron las restricciones de la FIFA, no se puede capturar video de los partidos. Sin embargo, no es que estos seres sean tan respetuosos de las reglas. Tienen un impulso incontrolable de grabarlo todo, presenciar un acontecimiento de esa magnitud no es la prioridad, sino exhibir que estuvieron ahí. Estuvieron, pero no lo vivieron.
A mí me parecería tedioso enfocar todo el tiempo el celular a mi demacrado rostro en espera de un gol para capturar mi reacción ‘natural’. Luego, editar, poner un filtro, una cita conmovedora, y publicar, para pasar los siguientes minutos a la expectativa de cuántos likes recibo.
¿Qué tiene de interesante ver gritar ‘gol’ a ‘Juampa’ Zurita? Es triste pensar que la única alternativa de las nuevas generaciones sea vivir a través de sus ídolos.
Indignados de lujo
“No creo que se cancelen mutuamente, la emoción y la indignación, es nomás aceptar honestamente que siento ambas cosas”, publicó la actriz Regina Blandón junto a una foto donde porta una chamarra con la leyenda “En México existen madres buscadoras”. Al fondo, el estadio.
Regina aclaró que le regalaron el boleto. Interpretó como congruencia aceptar la invitación, pero eso sí, muy enojada.
Su compañera actriz, Ana Valeria Becerril, también subió una historia con una chamarra de protesta. Luego, un paneo de la cancha. Remató con una publicación promocional de su serie futbolera ‘Las bravas’ disponible en Amazon Prime. Hay que aprovechar el activismo.
Las madres buscadoras estaban cerca del estadio. Regina y Ana Valeria pudieron acompañarlas, vender sus entradas y destinar los recursos a la lucha, donar el dinero que invirtieron en la manufactura de sus chamarras. En su defensa, seguidores resaltaron la validez de visibilizar desde el privilegio.
Aunque es cierto que Blandón promueve constantemente diversas causas, su acción y la necesidad de justificarla le restaron credibilidad. El ‘hate’ le es indiferente, dijo, pero se tomó el tiempo de dar un discurso en sus redes y repostear mensajes de apoyo. Centró la atención en lo buena persona que es. ¿Y las buscadoras, Regina?
También en primera fila vimos al líder nacional del PRI, ‘Alito’ Moreno, a la excandidata a la presidencia, Xóchitl Gálvez, el empresario Ricardo Salinas Pliego y la alcaldesa panista de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega.
Seguramente también fueron muy indignados, sobre todo después de sus críticas al gobierno de la 4T por realizar el Mundial en medio de una crisis de violencia, entre múltiples protestas y con costos inaccesibles para el mexicano promedio.
Todos estos personajes se tomaron muy en serio eso de que el deporte une y nos hace olvidar rencillas. También nos hace olvidar la congruencia. Las imágenes dicen más que mil palabras, y calladitos se ven más bonitos.
Acarreados de lujo y gente muy indignada gritaron los dos goles de México, una energía rara, que sin embargo no empañó la victoria de la Selección.
LO SUPERFLUO: El futbol es una experiencia que se celebra en colectivo.
LO PROFUNDO: Convirtieron el futbol en una experiencia personal para presumir en redes.