Irapuato, Guanajuato.- La noticia de que el ciclo escolar podría terminar antes de lo habitual por ajustes relacionados con el Mundial de Fútbol cayó como “un balde de agua fría” para Josefina Martínez, comerciante que desde hace cinco años instaló su pequeño puesto de dulces y botanas a una cuadra de la primaria Benito Juárez, en la calle Mariano Arista, y que encontró en ese negocio una forma de salir adelante tras enviudar durante la pandemia.

Para ella, como para muchos vendedores que dependen del movimiento escolar, la salida anticipada de las y los estudiantes representó una preocupación inmediata, pues reconoció que los niños son sus principales clientes.
“Va a salir de todos modos lo mismo; si nos vamos a otro lado no va a haber niños; los niños son los que compran”, dijo al asegurar que no planeaba moverse del sitio y que seguiría apostando por el punto donde sus clientes ya la conocen.

La situación, explicó, ya se había complicado incluso antes del anuncio, debido a que una de las puertas de acceso de la escuela permanecía descompuesta, obligando a las y los estudiantes a entrar por otra zona.
“Ahorita principalmente nos está afectando mucho que está descompuesta la puerta de la escuela. Entran los niños por la otra y por aquí casi pasa muy poco dinero”, lamentó.
Aseguró que no pensaba rendirse y que buscaría diversificar su oferta
Aunque reconoció que durante vacaciones las ventas disminuyen, aseguró que no pensaba rendirse y que buscaría diversificar su oferta para mantenerse activa. Además de dulces y frituras, comenzó a vender brochetas de fresa con chocolate, vasos de fruta con chantilly, Dorilocos y churros preparados.
“Hay que buscarle opciones para ahora que hace calor”.

Josefina contó que comenzó a vender hace cinco años, luego de que su esposo falleció por Covid-19 a los 55 años. Antes, juntos tenían una panadería, oficio al que él dedicó buena parte de su vida como maestro panadero.
“Le dije a mi hija: ‘esto para mí no es vida: o me pongo a vender o me pongo a trabajar’. Yo necesito estar activa, haciendo algo, porque no me gusta estirar la mano para que me den las cosas”.
A sus 62 años, aseguró que no contempló detenerse e incluso dijo que muchos niños y niñas ya le preguntaron si seguiría instalada durante las vacaciones.
Para ella, la incertidumbre económica sigue presente, pero también la convicción de mantenerse en pie.
“Gracias a Dios no nos quejamos; poquito a poquito le vamos surtiendo al puestito”, concluyó.
