Acámbaro, Guanajuato .- Un 20 de mayo de 1956 ocurrió el traslado de Chupicuaro por la construcción de la Presa Solís, a 77 años de este suceso José Castro Mora Maya quien fue el último niño que nació en el viejo pueblo menciona que su madre le platicaba que ellos fueron la última familia en abandonar la comunidad de Chupicuaro.

A 70 años del traslado de Chupícuaro por presa Solís, sobrevive con remesas y sin escrituras
A 70 años del traslado de Chupícuaro por presa Solís, sobrevive con remesas y sin escrituras

José nació el 21 de abril de 1949 a pocos días de que la gente comenzará a dejar el viejo Chupicuaro, “en esa época las mujeres respetaban la cuarentena entonces mi mamá no podía salir de casa hasta cumplir los cuarenta días es por eso que ahí nos quedamos hasta el 20 de mayo que el agua comenzó a llegar al pueblo poco a poco. Cuando vieron que cerraron las compuertas y comenzó a subir el agua mi papá decidió salir del pueblo en un camión de redilas que él tenia, mi mamá ya había completado la cuarentena“. José es hijo de José Castro Mora Pozos y su mamá Norberto Maya Torres.

A 70 años del traslado de Chupícuaro por presa Solís, sobrevive con remesas y sin escrituras
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Al llegar al nuevo Chupicuaro el lugar era árido con mesquites mucha hierva y sin agua como en el antíguo pueblo, lo que orillo a qué la gente comenzará a migrar a la Ciudad de México o Estados Unidos en busca de trabajo, “en el antíguo pueblo la gente sembraba o pecaba ya que el pueblo estaba rodeado por dos ríos el Lerma y el Río Tigres, todo lo contrario al nuevo Chupicuaro donde solo había un pozo para toda la comunidad por lo que la gente tenía que ir carrera agua para sus viviendas y las tierras no producían eso fue motivo a la migración“.

A 70 años del traslado de Chupícuaro por presa Solís, sobrevive con remesas y sin escrituras
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El crecimiento del nuevo Chupícuaro ocurrió en medio de condiciones difíciles en un entorno árido, rodeado de huizaches y con pocas oportunidades laborales. “La gente empezó a poner tienditas, carnicerías y pequeños comercios porque tenía que comer”.

Carretera Acámbaro–Querétaro impulsó el movimiento comercial en la zona

La construcción de la carretera Acámbaro–Querétaro impulsó el movimiento comercial en la zona, permitiendo el paso constante de viajeros y mercancías. Sin embargo, el empleo seguía siendo escaso y la agricultura apenas alcanzaba para el autoconsumo.

La familia de José sobrevivía gracias al transporte. Su padre trabajaba con camiones de carga y también operaba una ruta de pasajeros entre Acámbaro, Chupícuaro y comunidades cercanas. Cuando sus padres emigraron, él apenas tenía 12 años y comenzó a trabajar manejando los vehículos familiares.

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Mi mamá me mandaba a hacer viajes. Yo estaba chico, pero ya manejaba y así entraba dinero a la casa”. Años después emigró a Estados Unidos, donde trabajó por temporadas durante tres décadas.

Durante décadas, la migración hacia Estados Unidos transformó la vida de las familias de Chupícuaro. Lo que comenzó con los antiguos programas de braceros terminó convirtiéndose en un fenómeno que redefinió la economía, la estructura familiar y el futuro de varias generaciones del pueblo.

A 70 años del traslado de Chupícuaro por presa Solís, sobrevive con remesas y sin escrituras
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“Muchos se fueron para Estados Unidos y esa gente ya mandaba dinero. Así se empezó a vivir mejor aquí”, Jose quien emigró a los 15 años, en 1965 relata que la salida de habitantes comenzó a intensificarse entre las décadas de 1950 y 1960. Primero fueron hombres que trabajaban como braceros; más tarde, algunos lograron regularizar su estancia mediante cartas de sostenimiento que les permitieron obtener residencia legal en Estados Unidos. Con el tiempo, esos migrantes comenzaron a llevarse a sus hijos y familiares.

“Decían que nos llevaban a estudiar, pero realmente era para trabajar”.

A 70 años del traslado de Chupícuaro por presa Solís, sobrevive con remesas y sin escrituras
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La migración terminó convirtiéndose en el principal motor económico del Nuevo Chupicuaro. Las remesas permitieron construir viviendas, abrir pequeños negocios y sostener a numerosas familias. Sin embargo, también provocaron que muchas personas echaran raíces definitivas en Estados Unidos.

Los muchachos empezaron a casarse, tuvieron hijos, fueron a la escuela allá y ya solo regresan una ves al año”. Aunque muchos migrantes aún visitan Chupícuaro durante las fiestas de fin de año, la mayoría mantiene su vida laboral y familiar en territorio estadounidense. Algunos incluso lograron estabilidad económica y estudios profesionales fuera de México.

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José señala que, pese a los años transcurridos, persiste un sentimiento de abandono por parte de las autoridades federales. Afirma que las familias afectadas por el desplazamiento nunca recibieron plenamente los apoyos prometidos ni la regularización legal de sus propiedades. “Nos fuimos damnificados y el gobierno quedó de dar ayuda, pero nunca dio nada”.

Según relata, existe incertidumbre sobre un fideicomiso que presuntamente fue creado para beneficiar a las comunidades afectadas, aunque hasta ahora no hay claridad sobre su destino ni sobre quién administra esos recursos.

A 70 años del traslado de Chupícuaro por presa Solís, sobrevive con remesas y sin escrituras
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La falta de escrituras continúa siendo uno de los principales problemas para los habitantes. Muchas familias viven en terrenos heredados de padres y abuelos, pero sin documentos legales que acrediten la propiedad.

No tenemos escrituras ni nada. Hay gente que hizo papeles, pero creemos que no sirven”. El problema no afecta únicamente a Chupícuaro al menos 18 comunidades se encuentran en condiciones similares, sin recibir una solución definitiva por parte de las autoridades.“Así nos hicimos vivir aquí”, Nuevo Chupicuaro a crecido económicamente por la misma gente las mejoras que se han realizado en la comunidad son con aportación de los migrantes concluye.