Acámbaro, Gto.- A 82 años de su inauguración y 32 años después de su rescate, la locomotora 296 sigue siendo símbolo del orgullo ferroviario y de la capacidad técnica de los trabajadores mexicanos.

Fidelita, la locomotora 296 construida en los talleres ferroviarios de Acámbaro, es mucho más que una máquina de vapor. Es el símbolo de una época en la que los trabajadores mexicanos demostraron que podían diseñar, fabricar y operar tecnología de primer nivel con recursos propios. Ocho décadas después de su nacimiento, la llamada “Novia de Acámbaro” continúa ocupando un lugar privilegiado en la memoria colectiva de la ciudad y de generaciones de ferrocarrileros.

La historia de la locomotora 296 en Acámbaro, referente de la infraestructura ferroviaria nacional

Durante la reciente conmemoración de su aniversario, se recordó la historia de esta emblemática locomotora, considerada por muchos como la matriarca del gremio ferrocarrilero y un referente del nacionalismo industrial mexicano.

La escritora Emma Yañez Rizo aurora del libro “Vida y Muerte de Fidelita la novia de Acámbaro” mencionó que la historia de Fidelita comenzó el 10 de junio de 1944, cuando fue inaugurada oficialmente la locomotora 296, la segunda construida íntegramente en México en los talleres de Acámbaro. Dos años antes había nacido la locomotora 295, producto también de la iniciativa y liderazgo del maestro mecánico José Cardoso.

“La locomotora fue bautizada como “Fidelita”, nombre de una hija del funcionario fallecida en un accidente. Conmovida, la señora Ortiz rompió una botella de champaña sobre una de las ruedas motrices de la máquina mientras una banda de música interpretaba alegres dianas y los asistentes lanzaban flores y serpentinas”.

La celebración reunió a trabajadores ferroviarios, sus familias y habitantes de Acámbaro. La hija de José Cardoso subió a la locomotora, mientras que su padre recibió una medalla de oro en reconocimiento a su labor. Al jefe de talleres, Abel Bucio, le fue entregada la Copa Producción.

Durante la reciente conmemoración de su aniversario, se recordó la historia de esta emblemática locomotora, considerada por muchos como la matriarca del gremio ferrocarrilero y un referente del nacionalismo industrial mexicano.

Minutos después, Fidelita fue enganchada a su tren y emprendió su primer recorrido. A su paso rompió una enorme lona colocada frente a las vías, arrancando los aplausos y ovaciones de cientos de asistentes.

Entre los afortunados que formaron parte de la tripulación se encontraba Salomón Vera, quien años después recordaría aquella jornada histórica.

“Todos querían salir con ella al camino. Era tal el amontonadero y las riñas que tuvieron que rifarse los lugares. Desde la víspera adornamos la locomotora con flores, banderas mexicanas y una pintura de Miguel Hidalgo hecha por un trabajador del taller”, relató.

El recorrido inaugural cubrió la ruta de Acámbaro a Tacubaya. A lo largo del trayecto, habitantes de numerosas estaciones salían a recibir a la locomotora con flores, música y muestras de admiración.

Según los testimonios, Fidelita demostraba ventajas importantes sobre algunas locomotoras estadounidenses, especialmente en las pendientes, donde no requería máquinas auxiliares para completar el ascenso.

“Las muchachas aventaban flores a la máquina y nos mandaban besos. Las señoras nos regalaban comida y en muchos pueblos nos recibían con bandas de música”, recordaba Vera.

El éxito de la 295 y la 296 impulsó nuevos planes de producción nacional. Apenas un mes después de la inauguración de Fidelita, José Cardoso solicitó autorización al presidente de la República para construir otras dos locomotoras de vía angosta. Aunque la petición nunca obtuvo respuesta formal, los talleres comenzaron a fabricar piezas para una nueva máquina, la locomotora 297.

Según los testimonios, Fidelita demostraba ventajas importantes sobre algunas locomotoras estadounidenses, especialmente en las pendientes, donde no requería máquinas auxiliares para completar el ascenso.

Sin embargo, los acontecimientos tomaron un rumbo distinto. José Cardoso fue separado de su cargo y, poco tiempo después, falleció Andrés Ortiz, uno de los principales impulsores del proyecto. Aunque Fidelita y su hermana, la locomotora 295, continuaron prestando servicio sin contratiempos durante varios años, el ensanchamiento de las vías terminó por marcar el final de su permanencia en Acámbaro.

Entre 1949 y 1950 las locomotoras fueron trasladadas a la Ciudad de México y posteriormente a Puebla para continuar operando en el Ferrocarril Interoceánico. El traslado fue vivido con profunda tristeza por los trabajadores de los talleres.

Guillermo García, entonces ayudante de maquinista, recordaba que la despedida se asemejaba a la partida de un ser querido. “Nos llevamos a Fidelita y hubiera visto la cara de tristeza de los del taller. Parecía que se iba a la guerra un familiar. Nos la entregaron impecable, reluciente. Yo era un muchacho y no entendía por qué estaban tan tristes. Después me explicaron que ellos mismos la habían construido pieza por pieza y que la querían como algo propio”, narró.

Con el paso de los años, algunos trabajadores siguieron el rastro de Fidelita; otros llegaron a creer que había desaparecido para siempre. La nostalgia llevó a los ferrocarrileros a construir una réplica a escala, colocada frente al parque de la ciudad. Ahí, año tras año, familias enteras se reunían para recordar a las locomotoras 295 y 296.

Las llamaban “las dos hermanas”. Hablaban de ellas con el cariño reservado para los amigos entrañables o los familiares ausentes.

Esa memoria colectiva mantuvo viva la historia hasta que décadas más tarde Fidelita fue localizada y rescatada, devolviendo a Acámbaro una parte fundamental de su identidad histórica.

“Hoy, a 82 años de su inauguración, la locomotora 296 continúa representando el orgullo de una generación de trabajadores que demostraron que la industria mexicana podía competir con cualquiera. Más que una máquina de vapor, Fidelita sigue siendo el símbolo de una ciudad, de un oficio y de una época que marcó para siempre la historia ferroviaria del país”, detalló Emma Yañes durante la celebración por el LXXXII Aniversario de la construcción de “La Fidelita” y el XXXII de su retorno a esta su Ciudad de Origen luego de su desaparición.

El evento se realizó en las instalaciones del Ferrocarril lugar en el que se dieron cita ex ferrocarrileros y familiares de estas autoridades municipales y culturales para recordar el gran acontecimiento de la construcción y regreso de la Fidelita.

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