Devoción a la Virgen del Refugio reúne a cientos de fieles en Acámbaro

Acámbaro, Guanajuato.- En un ambiente de profunda fe, recogimiento y fervor mariano, cientos de fieles participaron en la solemne celebración eucarística en honor a la Virgen del Refugio de Pecadores, patrona de los acambarenses, una de las advocaciones marianas de mayor arraigo e identidad religiosa para las familias del municipio.

La celebración reunió a niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad, quienes desde muy temprano llegaron al atrio parroquial, el cual quedó abarrotado de feligreses que acudieron para agradecer los favores recibidos y renovar su confianza en la Madre Santísima, considerada desde hace casi dos siglos protectora espiritual de Acámbaro.

La comunidad de Acámbaro se reunió en el atrio parroquial para honrar a la Virgen del Refugio. Foto: Lourdes Juárez

La explanada del templo fue insuficiente, por lo que la población ingresó a los jardines del lugar para poder estar más cerca del altar de la Virgen. La solemne eucaristía fue concelebrada y presidida por monseñor Herculano Medina Garfias, obispo de la Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco. Durante la homilía, centró su reflexión en el Evangelio según San Juan (2, 1-12), conocido como Las Bodas de Caná, donde Jesucristo realiza el primero de sus signos al convertir el agua en vino gracias a la intervención de la Virgen María.

Explicó que San Juan es el evangelista que contempla con mayor profundidad el misterio de Dios, razón por la cual la tradición cristiana lo representa con la figura del águila, símbolo de quien eleva su mirada hacia las realidades divinas.

Recordó que en aquella boda el vino se terminó, situación que simboliza las limitaciones humanas y la incapacidad de los bienes materiales para satisfacer plenamente el corazón del hombre.

“La humanidad descubre tarde o temprano que todo lo material es pasajero. El dinero, las posesiones, el poder y hasta los afectos humanos son insuficientes. Solo Dios puede llenar completamente el corazón y dar una felicidad que permanece para siempre”, expresó durante la predicación.

En otro momento de la homilía, el sacerdote lamentó que muchas de las problemáticas actuales, como la violencia, la delincuencia, la desconfianza, la división familiar y la llamada cultura de la muerte, sean consecuencia del alejamiento de Dios.

Subrayó que la transformación del mundo no comienza con grandes reformas, sino con la conversión personal, la renovación del matrimonio, la vida familiar y el compromiso de cada cristiano de vivir el Evangelio.

“Los grandes cambios comienzan en el corazón de cada persona. Si Dios está presente en nosotros, habrá más paz, más justicia y más amor en nuestras comunidades”, afirmó.

Durante la celebración también se recordó el profundo significado histórico que tiene la Virgen del Refugio de Pecadores para el pueblo de Acámbaro.

De acuerdo con la tradición de la parroquia, la bendita imagen llegó a esta ciudad en 1845, convirtiéndose desde entonces en un verdadero tesoro espiritual para sus habitantes. A lo largo de casi dos siglos, los acambarenses han acudido a ella en momentos de necesidad, especialmente durante inundaciones, epidemias y otras adversidades que han marcado la historia del municipio.

La oración dedicada a la patrona recuerda precisamente ese legado:

“Nosotros, tus hijos, en memoria de nuestros padres que recibieron tu bendita imagen en el año de 1845 y te dejaron como nuestro tesoro y nuestra riqueza; los moradores de esta ciudad y sus contornos hemos experimentado tu auxilio en las necesidades, en las inundaciones y pestes…”

Durante la misa solemne, feligreses expresaron su fe y devoción a la Virgen del Refugio. Foto: Lourdes Juárez

La devoción fue creciendo con el paso de los años hasta recibir importantes reconocimientos por parte de la Iglesia.

En 1946, el entonces delegado apostólico proclamó oficialmente a la Madre Santísima del Refugio como patrona principal de la parroquia de Acámbaro, colocando sobre su imagen las coronas. Posteriormente, el 4 de julio de 1953, el Santo Padre confirmó oficialmente este patronazgo, consolidando una devoción que continúa viva entre generaciones de acambarenses.