La economía es una disciplina extraña. Junto con las otras ciencias sociales (como la sociología, la ciencia política, la psicología etc.) aspira a entender el comportamiento de las personas y de los grupos humanos. En el caso de la economía, la naturaleza cuantitativa de los fenómenos económicos hace indispensable el uso de herramientas matemáticas, estadísticas y de programación. Así como en las ciencias naturales, las teorías económicas se expresan en el lenguaje de las matemáticas y se validan a través de estudios estadísticos y experimentales. A través de esos métodos las personas que estudian economía pueden entender mejor el funcionamiento de los mecanismos sociales que subyacen a los fenómenos económicos.

Además de estos conocimientos, la economía tiene otro aspecto que la relaciona directamente con las humanidades. En un ensayo de 1969 Kenneth Boulding explica que todas las economías tiene dimensiones y consecuencias éticas ineludibles en al menos dos niveles. En primer lugar, las comunidades científicas poseen valores morales comunes (como la importancia de la cuantificación, la objetividad, la verificabilidad) que ilustran la forma en que interpretan al mundo. Además, en cuanto a que el conocimiento científico es parte de nuestra cultura, la interpretación del mundo lo cambia. En el caso de la economía, el conocimiento compartido del funcionamiento del sistema económico cambia el comportamiento de los agentes económicos y por ende el sistema económico mismo.

En segundo lugar, si deseamos transformar la realidad social o por lo menos valorar en qué dimensiones esa realidad mejora o empeora es necesario definir ¿qué significa que las personas estén mejor? Cualquier respuesta a esa pregunta implica tomar una postura ética, normativa, sobre lo que es o no bueno para las personas. Es imposible formular una recomendación de política económica que no incluya una idea implícita o explícita sobre lo que significa mejorar.

Dado lo anterior, es necesario preguntarnos si la educación económica prepara a las personas adecuadamente para enfrentarse a la naturaleza y consecuencias éticas de la ciencia y la política económica. En general considero que no. Aunque cada programa, universidad, región y país es diferente, todos los programas de estudio de licenciatura en economía enfrentan incentivos similares.

Como he mencionado en columnas anteriores existe una tendencia global a que la educación en todos los niveles tenga utilidad práctica inmediata, lo que resulta en un énfasis en actividades y programas enfocados al entrenamiento y la adquisición de habilidades demandadas en el mercado de trabajo.

En el caso de la economía en particular, el alto grado de sofisticación técnica requerida para estudiar un posgrado en economía o en temas afines crea incentivos para enfatizar el estudio de las matemáticas, la estadística y la ciencia de datos sobre la filosofía política, la historia, la ética y las humanidades en general. El desarrollo de la capacidad para el pensamiento normativo, indispensable para abordar la pregunta ¿qué significa que las personas estén mejor? no es en muchos casos una prioridad.

La economía es una disciplina extraña. Es a la vez parte de las ciencias y de las humanidades. Esto le da a quienes la estudian una gran capacidad de contribuir al entendimiento del mundo y a la mejora de las condiciones sociales. Esta capacidad depende, sin embargo, de poder balancear las exigencias de una disciplina técnica y humana.

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