Acámbaro, Gto.- En la esquina de Hidalgo y Pino Suárez, en uno de los puntos más transitados de la ciudad, un pequeño puesto de libros resiste el paso del tiempo, la inflación y la baja en ventas. Este 23 de abril sobrevive un año más celebrando el Día del Libro.
Detrás de él está José Martín Bautista Reyes comerciante con más de cuatro décadas de experiencia en el oficio, quien ha hecho de la venta de literatura su único sustento. Su historia en el mundo de los libros comenzó hace más de 20 años, trabajando para unos comerciantes originarios de Michoacán.
“La venta de libros inició al quedarme sin empleo y con una familia que mantener, un amigo me comentó que había unas personas que vendían enciclopedias y ocupaban un vendedor, al principio no sabía vender, pero poco a poco fui aprendiendo”. Durante más de dos décadas se formó en ese negocio, hasta que sus patrones se retiraron y lo dejaron sin empleo.
José nunca abandonó a los libros
Con dos hijos y uno de ellos aún siendo un bebé, enfrentó la incertidumbre. Sin embargo, lejos de abandonar el giro, decidió adaptarse. “Me pregunté qué iba a hacer, y empecé a buscar dónde conseguir libros más económicos, de menor tamaño”. Así fue como encontró nuevos proveedores y comenzó una etapa independiente que, hasta hoy, suma alrededor de 23 años.
Aunque actualmente lleva entre siete y ocho años en su ubicación actual, su presencia en la zona data de mucho más tiempo. Primero trabajó cerca del templo, luego fue reubicado en distintos puntos por autoridades municipales, hasta establecerse definitivamente en este lugar, donde calcula haber permanecido cerca de 15 años.
Su clientela está compuesta principalmente por padres de familia. “Buscan libros para sus hijos, sobre todo literatura infantil y novelas, especialmente en temporada escolar”. Aun así, reconoce que vende de todo, aunque no siempre con los resultados esperados.
José batalla con la situación económica
José detalla que la situación económica ha impactado de manera directa su actividad. “Las ventas están muy bajas, hay días en los que no vendo ni un solo libro”. El problema se agrava al ser esta su única fuente de ingresos, en un contexto donde los gastos diarios no dan tregua.
“El cliente a veces dice que está caro, pero es lo menos que puedo darlo”. A esto se suman los incrementos constantes en los precios de los libros y los costos de traslado para surtirse, principalmente en la Ciudad de México. En cuanto a los precios en los que adquiere los libros detallo que “aunque suban unos centavos, en volumen ya es un gasto fuerte”.
Al ser José una persona de más de 60 años cuenta con la tarjeta del INAPAM, que le permite reducir costos en transporte, pero fuera de ello, enfrenta solo los retos del día a día. A pesar del panorama, mantiene una actitud firme. “Hay que seguir echándole ganas, invito a la población a visitar mi puesto y mantener viva la lectura”.
