Guanajuato, Guanajuato.- El 5 de mayo, como todos sabemos, se conmemora la Batalla de Puebla, un hecho histórico que se inscribe entre los eventos bélico-patrióticos más importantes de la historia mexicana. La valerosa y casi romántica defensa del territorio mexicano por parte de un ejército al que le sobraba corazón, pero le faltaban equipo y preparación, frente a un enemigo más poderoso, superior económica y armamentísticamente, es un evento que dejó una huella tan profunda en la psique nacional que aún retumban los ecos de un lejano y primitivo “sí se puede, sí se puede”.

Sin embargo, la Batalla del 5 de mayo, o “de Puebla”, fue un evento tan importante en la historia de México que claramente no podía circunscribirse exclusivamente al territorio poblano. Otras entidades de la entonces naciente República mexicana también tuvieron un papel importante en esta batalla, y una de ellas fue Guanajuato.

Apenas unos años antes, en 1858, en plena Guerra de Reforma, el presidente Juárez había establecido en Guanajuato la capital provisional de la República, lo que consolidó a esta entidad como un bastión liberal juarista. Esto facilitó que, cuatro años después, el gobierno de Guanajuato, a cargo de Manuel Doblado, se alineara con el gobierno de Juárez para combatir juntos a los invasores y conservadores.

Tanto así que, el 4 de mayo de 1862, en Atlixco, Puebla, durante la también llamada Batalla de la Hacienda de las Traperas, un día antes de la épica batalla en la capital poblana, tropas del Batallón Primero Ligero de Guanajuato —predecesor de las actuales fuerzas de seguridad pública del estado— ayudaron a repeler fuerzas conservadoras que pretendían reforzar a los invasores desde otro flanco para atacar, en coordinación con los franceses, al día siguiente. Se trató de una acción que seguramente evitó una ofensiva simultánea que tal vez habría cambiado el curso de la batalla para el ejército mexicano y, a su vez, la historia de México.

La participación de Guanajuato fortaleció la estrategia militar en Puebla en 1862. Foto: Especial

En ese mismo periodo, el presidente Juárez ordenó a otro personaje emblemático de la capital, el general Florencio Antillón, movilizar sus tropas hacia la ciudad de Puebla para apoyar al ejército en la defensa de la ciudad. Esto denotó la confianza que existía en las tropas guanajuatenses, conocidas como la División de Guanajuato, mismas que participaron como parte del Ejército de Oriente, reforzando posiciones estratégicas y contribuyendo a sostener el frente defensivo durante la Batalla del 5 de mayo. Al ser consideradas tropas de alta disciplina, el rol de las fuerzas guanajuatenses fue fundamental para lograr el triunfo durante ese histórico día.

Es así que este evento de colaboración, en uno de los momentos más álgidos de la historia nacional, ayudó a consolidar el rumbo político de Guanajuato, confirmándolo como un estado con una identidad liberal y republicana que se instauró de ese modo en la memoria histórica nacional.

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