Las imágenes captadas tras el desastre muestran decenas de edificios completamente derrumbados, especialmente en el estado de La Guaira y distintas zonas de Caracas. Incluso, un análisis realizado por el laboratorio AI for Good de Microsoft determinó que cerca de un tercio de las casi 30 mil edificaciones de la ciudad costera de Catia La Mar sufrió algún tipo de daño estructural.
Construcciones antiguas y normas insuficientes
Uno de los principales factores que explican el alto nivel de destrucción es la antigüedad de numerosas edificaciones.
Especialistas señalaron que muchos inmuebles fueron construidos durante las décadas de 1950 y 1960, antes de que Venezuela implementara normas modernas de diseño antisísmico. Estas estructuras carecen de los sistemas de refuerzo con acero que actualmente se utilizan para resistir movimientos telúricos de gran intensidad.
Además, durante los periodos de bonanza petrolera se levantaron numerosos complejos habitacionales en tiempos reducidos, lo que, según expertos, pudo provocar que en algunos casos no se siguieran los estándares adecuados de construcción.
Suelos blandos amplificaron el impacto
La ubicación geográfica también desempeñó un papel determinante.
Ingenieros explican que varias de las zonas más afectadas están asentadas sobre suelos blandos capaces de amplificar las ondas sísmicas, incrementando la intensidad del movimiento y el riesgo de colapso de edificios altos.
David Cocke, expresidente del Instituto de Investigación en Ingeniería Sísmica de Estados Unidos, explicó que la combinación de torres de concreto, terrenos blandos y estructuras antiguas favoreció que muchos inmuebles colapsaran piso por piso, un fenómeno conocido como “efecto acordeón”.
Las llamadas “plantas blandas” aumentaron el riesgo
Otro elemento identificado por los especialistas fueron las denominadas plantas blandas, un diseño arquitectónico que deja los primeros niveles abiertos para estacionamientos o áreas comerciales, reduciendo la capacidad del edificio para soportar movimientos sísmicos.
De acuerdo con Eduardo Miranda, profesor de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de Stanford, este tipo de construcción representa uno de los mayores riesgos en zonas sísmicas, especialmente cuando coincide con terrenos de baja resistencia.
Asimismo, algunos inmuebles contaban con muros elaborados con materiales pesados que incrementaron las cargas estructurales durante el terremoto.
El doble terremoto agravó la destrucción
Los especialistas también atribuyen parte de los daños al hecho de que Venezuela fue golpeada por dos terremotos consecutivos de gran magnitud.
El geofísico Marcos Ferreira explicó que este fenómeno, conocido como doblete sísmico, provoca que las vibraciones del segundo movimiento impacten estructuras ya debilitadas por el primero, multiplicando el riesgo de derrumbe.
Un comportamiento similar se observó durante los devastadores terremotos registrados en Turquía y Siria en 2023.
Incluso edificios recientes presentaron fallas
Aunque tras el terremoto de 1967 Venezuela actualizó sus reglamentos de construcción, expertos consideran preocupante que algunos edificios relativamente nuevos también hayan colapsado.
El ingeniero civil venezolano Juan Carlos Vielma señaló que esta situación obliga a revisar no solo el cumplimiento de las normas actuales, sino también los procesos de diseño, supervisión y construcción aplicados en los últimos años.
Para los especialistas, la tragedia deja una lección clara: la reconstrucción del país deberá ir acompañada de una evaluación profunda de sus normas de ingeniería y de la resistencia de miles de edificios que permanecen en pie, pero que podrían representar un riesgo ante futuros eventos sísmicos.
