Las buscadoras son tema de conversación, pero no de una conversación que aporte apoyo o respuestas

En ese país se ignora el paradero de más de 133 mil personas. Sus seres queridos viven en la incertidumbre, pero con la esperanza de recuperarlas. En ese limbo emocional donde la inacción no es alternativa, buscan, buscan y buscan.

En México hay alrededor de 200 colectivos integrados por familiares de personas desaparecidas; más de 30 de ellos operan en Guanajuato.

Cuatro mujeres, madres o hermanas buscadoras, han sido asesinadas en lo que va del año en nuestro estado.

Pero las cifras son una abstracción que no permite visibilizar ni dimensionar el impacto de este fenómeno.

Todos los casos de desaparición son historias diferentes, aunque con un común denominador: la impunidad. Todos los casos deberían indignarnos. Se trata de una problemática que debería unirnos en apoyo a las buscadoras, unirnos para exigir justicia; una lucha en la que autoridades deberían sumar esfuerzos.

Sin embargo, el tema divide opiniones, monetiza, se usa para que influencers brillen, para atacar a la presidenta… Se diluye entre controversias ajenas a la causa. El Mundial de futbol exacerbó esta polarización.

¿Disonancia cognitiva?

“No es hipocresía, es disonancia cognitiva”, es el discurso que circula en redes sociales. Es válido celebrar, gritar goles, ir al estadio, y a la vez, indignarse por las desapariciones. Dos emociones opuestas, pueden coexistir.

El afán de resaltarlo demuestra que las protestas de buscadoras durante el Mundial lograron dos cosas: incomodar y atraer oportunistas.

No hay un solo día que transcurra sin alguna marcha, sin que se reporte el hallazgo de otra fosa clandestina, sin una nueva súplica para compartir la foto de un ser querido. Es, por desgracia, “lo normal”.

Esa macabra normalidad adquirió otros matices bajo los reflectores de la prensa nacional e internacional. Entonces, “visibilizar” se convirtió en tendencia.

La influencer Tamara Parra publicó una secuencia de transiciones donde cambia de atuendo y maquillaje alusivos al futbol; de pronto, un hombre le cubre la boca, la saca de cuadro y la foto de ‘Tammy’ aparece en una ficha de búsqueda. Luego enumera cifras y cierra con la frase: “no estamos en contra de celebrar, estamos en contra de la indiferencia”.

Indiferencia que ‘Tammy’ mostró durante años en los que sólo compartió a sus 15 millones de seguidores en TikTok consejos de superación personal, belleza, relaciones, emprendimiento y publicidad de diversos productos.

“Solo somos influencers”, es lo que dicen estos personajes cuando se discute su grado de responsabilidad sobre los discursos que difunden. Por otro lado, se ofenden cuando se les acusa de ‘colgarse’ de causas y temas serios. Lo único que buscan es evitar la funa.

¿Oportunismo? Hablando de ‘Tammy’, según sus seguidores es disonancia cognitiva. Antes que semejante explicación acuden a mi mente otras: activismo de ocasión, tibieza, estrategia de marketing. Pero eso sería aceptar algo indignante: convirtieron a las buscadoras y su lucha en trend. Colectivos de todo el país decidieron aprovechar la atención mediática que implica el Mundial, y personajes de la farándula terminaron aprovechándose de ellos para monetizar.

Vivir como las buscadoras (como señalé al inicio): entre dolor e incertidumbre, pero con esperanza, eso SÍ es disonancia cognitiva.

¿Y cuando acabe el Mundial?

“Tienen toda la razón del mundo, ¿pero que hagan su desmadre? No es ahorita”. Esas fueron las palabras de uno de los asistentes a la inauguración de la Copa del Mundo, entrevistado por ‘Proyecto escolar’.

Marco, conductor de dicho canal de crítica política, se sumergió en otro tipo de desmadre tras el triunfo de México sobre Chequia. En las inmediaciones del Ángel de la Independencia, interactuó con aficionados que no desaprovecharon el micrófono. Un sujeto organizó una ‘porra’ para insultar a Claudia Sheinbaum. Otro se acercó para reprochar que la presidenta recibiera en su conferencia mañanera al Pato Merlín y no a las madres buscadoras.

Otro entrevistado hizo referencia al famoso “no son las formas” con que se condena la protesta social: “Las feministas harían lo mismo que nosotros, que estamos haciendo una celebración por el Mundial”.

Esta semana, en el Congreso del Estado de Guanajuato, panistas desviaron una discusión sobre pensiones para jubilados, y mencionaron a Merlín y Sheinbaum como ejemplo de hipocresía e inmoralidad. Los diputados morenistas contratacaron acusando a los albiazules de insensibles ante el reciente crimen de Patricia Negrete, buscadora de Pénjamo.

¿Qué nos dice este mosaico de apasionadas declaraciones que tienen como hilo conductor el fenómeno de la desaparición? Que el tema está en boca de todos, aunque tal vez no por los motivos correctos y no desde la perspectiva adecuada.

Hay sectores de la sociedad que aún invalidan la protesta de las buscadoras (y otros grupos, como las feministas), que justifican el vandalismo por un partido de futbol y condenan las manifestaciones extremas del dolor y hartazgo por crímenes atroces.

Merlín, en un estado en crisis permanente, con cuatro buscadoras asesinadas en seis meses, es el pretexto para dar rienda suelta al pique entre partidos en el Congreso local.

Cuando termine el Mundial, ¿volveremos a la normalidad? Hablo de la normalidad de la impunidad y la indiferencia. El que el tema se haya mezclado con un evento de tal magnitud, tristemente no representó ningún avance en la conversación y las acciones.

No seremos campeones en futbol, no nos llevaremos la copa, pero “México es campeón en desaparición”, tal como versa una de las consignas de las buscadoras.

LO SUPERFLUO: Es positivo que las buscadoras hayan conseguido generar atención.

LO PROFUNDO: Al parecer sólo la prensa internacional se enfocó en lo importante, en la causa.